La moda y el modo en la ecología

10 de mayo de 2012

Budapest, 1932. Cielo gris, gente caminando, algunos muy felices (los Buda) y otros menos (los Pest). Un repostero fabrica los típicos dulces de la ciudad, que saben a repollo caducado, y su mujer compra una cabeza jíbara en el mercado. En la ciudad, los gatos ladran y los perros maúllan. Llueve absenta. Aquel fue un año extraño, sí. Budapest, 1932. Era una buena manera de empezar un post, aunque nunca he estado en Budapest y no sé de qué estoy hablando. ¡Oh, Budapest! ¡Budapest! ¡Si al menos te supiera situar en el mapa!

¿Qué importancia tiene? Podría decir que Budapest está en Ohio (ojayo) y que en 1885 tres docenas de mujeres se manifestaron en top-less, por la subida del precio del tocino. Alguien lo leería, lo publicaría en otro blog y en unos meses algún lumbreras, al que pagan, y bien, por farfullar desde asuntos del corazón, hasta filosofía hermética, lo comentaría en televisión (cinco años jugando al mus en la facultad, ergo soy omnisciente). La nueva realidad estaría servida, al lado del perrito juguetón y la “dulce” muchacha con Ricky Martin en el armario.

El mundo de la ecología funciona así, como nuestro irreal Budapest. Yo te cuento lo que soñé ayer tumbado bajo una higuera, y si te gusta, lo aceptas como cierto, que el Greenwashing sienta muy bien. Se ha alcanzado tal punto de marketing buenrollista que cualquier producto sin relación con enfermedades incurables, sin niños en su producción, o manufacturado por campesinos sin zapatos, es “verde”. En la etiqueta deberían añadir “contiene un 50% de ingenuidad”.

Fox Fibre y su hermana Cooliflower (por cuya gentileza existe este blog) son marcas que creen en lo que hacen e intentan hacer lo que creen. Ambas estuvieron presentes en Biocultura y en la feria Show Me Your Green Talent de Barcelona, donde coincidieron con las dos jóvenes emprendedoras de Ecoology, una marca on-line de moda ecológica real y sostenible, algo muy escaso en la actualidad. Y este es el motivo de este post, recordar que en un mundo ficticio y prefabricado, donde la desinformación es dogma de fe, aún hay personas que buscan el lado ético de la producción ecológica, prestando importancia a la moda, sí, pero también al modo. Porque es el modo, no la moda, lo que marca las marcas.