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Archivos Mensuales: enero 2012

Melómanos y melónidos

27 de enero de 2012

Querido vecino: conduces como un mandril sentado sobre un cactus, adelantas por la derecha y nunca señalas la posición. Te lo perdono. Además, todos sabemos que los coches de alta gama no incluyen intermitentes.

 

Fumas un cigarrillo cada mañana y, tierno como un infante con dedos amarillos, dejas el rastro de colillas en el portal para conocer el camino de vuelta a casa. Y me lo tomo como un homenaje, macarra, pero homenaje, a Hansel y Gretel.

Me robas el catálogo de la televisión por cable, el de Ikea y los panfletos de ofertas del super. Generosamente, depositas en mi buzón pañuelos usados y las facturas que no quieres abrir. Supongo que, en tu compleja mente, es lo que entiendes por “intercambio de archivos”. Dejémoslo correr, pues.

Te perdono el perfume eau de axila porque, en las primeras etapas del rancio abolengo, tú que llevas camisas con caballito, aún estás “rancio”. Puede que el aroma a cosecha Saturday night sea ecologismo extremo para no derrochar agua. Aplaudo tu decisión con una pinza en la nariz.

Olvido aquella ocasión en la que, en plena contrarreloj urinaria, adelantaste tu micción antes de cruzar el umbral de tu puerta. Acepto que jamás me devolverás la batidora, los DVD de Mad Men y el paquete de profiláticos. Por favor, conociéndote, te ruego especialmente que NO me devuelvas el paquete de profilácticos.

Pero de lo que te culpo, melón, es de que me despiertes con acelerones en parado. No transijo con que compartas a Pitbull, cantante, según él (eslabón perdido entre Tony Manero y Torrente), a las cinco de la mañana. Paso olímpicamente de escuchar tus conversaciones a tal volumen que te podrías ahorrar el móvil, vecino. Se te escucha en un radio de tres bloques sin ayuda tecnológica.

Te digo, melónido, socio del club “pongo música en el metro para amenizar el trayecto” que la contaminación acústica también es contaminación y que harías bien, pero que muy bien, en leer este artículo del magazín Waste.

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¡Oh capitán, stronzo capitán!

19 de enero de 2012


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+ Verde digital: “Se necesitarán entre dos y seis semanas para llevar a cabo la extracción de las 2.380 toneladas de combustible del interior del crucero Costa Concordia, que naufragó con 4.229 personas a bordo el pasado viernes en aguas de la isla italiana del Giglio.”

 

¡Oh capitán! ¡Mi capitán! Nuestro espantoso viaje ha concluido… y tú, capitán, esperas en la orilla a que arribemos, a tomar viento… quizá, capitán, aguardas a que crucemos la laguna estigia para visitar a tus puñeteros ancestros. Empresa difícil la de pagar a Caronte porque caíste en una lancha, ¡oh capitán, fortunato capitán!, con la recaudación del crucero que tuviste a bien salvar.

 

Mi Capitán no responde, sus labios están pálidos y quietos. ¡Oh capitán! ¡stronzo capitán! ¿Cuándo los capitanes dejasteis de ser capitanes? ¿Cuándo nos abandonasteis a la deriva y renunciasteis a vuestra capitanía? El centro comercial flotante ha encallado sobre tu ego, ¡oh mi… tu capitán! Y las sirenas lloran, sí, pero descojonadas. ¡Escucha, mi capitán! Escucha el cántico de su mitad menos merluza: ¿Por qué los humanos confiaron su destino a los stoltos?

Por ti ramos y coronas con cintas— por ti una multitud en las riberas, clama por ver tu cobarde pellejo secarse al sol marino. ¡Oh capitán… tu capitán! Nosotros, navegantes de la inconsciencia, hemos creído en capitanes sin mando, en grumetes con galones que hacen (lo que tienen que hacer) sin explicar que palle resuena en sus huecas cabezas.

Nos equivocamos, ¡oh capitán, ripugnante capitán! Y pedimos disculpas por dejar el timón en manos como las tuyas, cobardes e infieles. Nos disculpamos por no anticipar la certeza que ahora se expande con la fuerza del conocimiento redentor: todos somos capitanes, ¡oh inutile, inutile capitano!

 

Doy gracias al dios que fuere

por mi alma inconquistable.

Soy el capitán de mi destino.

Soy el capitán de mi alma.

Nelson Mandela.

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Los golpes que no se ven

15 de enero de 2012

 

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Coyote_Wikipedia.gif” alt=”” width=”226″ height=”363″ />Dormir con una caja fuerte pendiendo sobre la cabeza produce intranquilidad. Hacer pic-nic sobre las vías del tren genera desasosiego. Practicar puenting sobre un rio con cocodrilos… No, este ejemplo no vale; algunos lo practican y se caen. Habría que demandar a la Warner por habernos criado junto a Wile E. Coyote…

Porque nos acostumbramos a ver como se sobrevive a ataques con pianos de cola, para notar peligro lo tenemos que ver muy cerca, de frente y con letreros luminosos. En los 80, queridos jóvenes, no eras un niño decente si no te habían descalabrado al menos una vez. Si te quedaba una buena cicatriz eras respetable y sólo te superaba el niño que había lanzado la piedra, el mismo que fumaba, tenía revistas con señoras al natural y ahora es abogado, político o preso (depende del año y del tiempo libre). Efectivamente, era costumbre partirse la cara para defender una idea y así nos pasa: cuesta horrores creer en daños invisibles.

Ya de adultos descubrimos que algunos golpes no se ven, pero se notan a largo plazo. Es más que un feeling, es una incómoda sensación que puede degenerar en enfermedad y está basada en variables más tangibles que esotéricas: campos electromagnéticos, electricidad estática, componentes químicos… en la empresa Armonia Deco, especializados en combatir tóxicos en ambientes interiores y geopatías se hacen eco de las declaraciones del doctor Joaquim Fernández-Solá: “cada vez vemos más enfermedades asociadas a los factores ambientales y en los lugares donde estamos más horas, normalmente nuestra casa, donde hay corrientes de agua, aire, y ondas electromagnéticas… Hay una carga tóxica que va en aumento.”.

Cooliflowerense, si quieres conocer algunas alternativas ecológicas a productos industriales para esquivar golpes (que no se ven) echa un vistazo a este video de Ecologistas en Acción:

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¿Y si la marihuana salvase el planeta…?

12 de enero de 2012

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Al calor de la tarde, rodeado de familia y chatos de vino, Paco rememora su lejanísima infancia. Antes de cumplir ocho años ya trabajaba de sol a sol. En las manos que sostienen el vaso (curtidas, ciclópeas, indestructibles) se reflejan sus palabras. Habla de aquel primer empleo fabricando cuerdas de resistencia sobrehumana; unas cuerdas, dice, que ya no se ven. “Se hacían de cáñamo, no sé que ha pasado con ese cultivo”. Su nieto más joven sonríe. Le explica que la marihuana viene del cáñamo. Paco levanta los arrugados párpados con sorpresa. “Me tomas el pelo, ¿verdad?”. “No, abuelo… hasta la constitución americana está redactada sobre papel de cáñamo”.

 

Y Paco, que sigue sin reconocer que él –modélico ciudadano donde los haya- ha trabajado con marihuana, ve incrementar su desconcierto cuando su nieto le explica cómo la humanidad, en un momento de crisis global, ha renunciado voluntariamente al cultivo más rentable que ha regalado la madre naturaleza.

Continúa tras el salto…

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Regala segunda oportunidad

5 de enero de 2012

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Aquella vez que presentaste al “amor de tu vida” a un amigo/a y te quedaste sin amor y sin amigo/a. Y sin vida (al menos eso pensabas entonces, cuando el corazón hizo “crack”).

Los años malgastados con personas/empresas/aficiones tan indispensables e importantes que resultaron inútiles y estúpidas.

Los votos que depositaste en una urna electoral y se transformó en urna funeraria.

And so on… Lo que darías por tener una segunda oportunidad, menda, para enmendar lo enmendable. Desde Vende.pe, una de las páginas más importantes de Perú de anuncios de compra-venta, nos propusieron que publicáramos un artículo de su cosecha para que aprendamos la importancia de dar una segunda oportunidad. Y aquí está. Un artículo de primera mano sobre segunda mano tras el salto. 🙂

(¡Un saludo a nuestro seguidores de américa de sur!)

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2012, año del gato

2 de enero de 2012

Un gato tiene honestidad emocional absoluta: los seres humanos, por una razón u otra, pueden ocultar sus sentimientos; un gato no. – Ernest Hemingway

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Yo, gran oráculo del saber (importante mantener la tilde en “oráculo”) vaticino que en el 2.768 la calvicie será obligatoria, los guapos se reproducirán por güasap y, aunque existirá el viaje en el tiempo, seguiremos echando la culpa al tráfico cuando lleguemos tarde.

Todo será cierto, ¿Y por qué no va a ser verdad, eh? Es lo que hicieron los Mayas con su profecia del 2012: sandeces para dentro de siglos y si no se cumplen que busquen al agorero: “Ya verás como al final resulta que te defrauda”, “esto no vale para nada”, “ya se veía venir”. Qué listos, así cualquiera pertenece al club del “ya te lo dije”. Sólo espera, no hagas nada y verás como algo falla.

Los tristes del pasado se asemejan a los cenizos de ahora en su afición por no mover un dedo, así como por colocarse primeros en la parrilla de salida de la idolatría humana. Se multiplican los expertos en construir colchones catastrofistas para amortiguar el impacto del futuro; el camino más rápido para defraudarse es encumbrar. Y cuanto más alta es la cima, más grande es la caída.

Y por eso, porque quiero caer de pie desde las alturas morales, empieza el año y deseo más que nunca aprender de otros animales, especialmente de mis amigos los gatos. Quiero subirme al tejado caliente y ronronear al sol con mis compañeros de correrías. Visitar a los que nos acogen y no esperan nada de nosotros, salvo amistad felina (con afiladas uñas en caso de emergencia). Quiero ser un gato para saber cómo actuar en cada momento y que nadie exija siniestra rutina, cabriolas por comida o corbata los días de diario. Quiero ser un gato, ante todo, para aprender y disfrutar con sabiduría, sin exhibiciones intelectuales.

En el 2012 os pido que os suméis a la causa felina al aceptarnos como somos, muy animales, con arañazos y ronroneos incluidos. Miau.

Empieza el año ayudando a todos tus iguales aquí.

 

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