¡Oh capitán, stronzo capitán!

19 de enero de 2012


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+ Verde digital: “Se necesitarán entre dos y seis semanas para llevar a cabo la extracción de las 2.380 toneladas de combustible del interior del crucero Costa Concordia, que naufragó con 4.229 personas a bordo el pasado viernes en aguas de la isla italiana del Giglio.”

 

¡Oh capitán! ¡Mi capitán! Nuestro espantoso viaje ha concluido… y tú, capitán, esperas en la orilla a que arribemos, a tomar viento… quizá, capitán, aguardas a que crucemos la laguna estigia para visitar a tus puñeteros ancestros. Empresa difícil la de pagar a Caronte porque caíste en una lancha, ¡oh capitán, fortunato capitán!, con la recaudación del crucero que tuviste a bien salvar.

 

Mi Capitán no responde, sus labios están pálidos y quietos. ¡Oh capitán! ¡stronzo capitán! ¿Cuándo los capitanes dejasteis de ser capitanes? ¿Cuándo nos abandonasteis a la deriva y renunciasteis a vuestra capitanía? El centro comercial flotante ha encallado sobre tu ego, ¡oh mi… tu capitán! Y las sirenas lloran, sí, pero descojonadas. ¡Escucha, mi capitán! Escucha el cántico de su mitad menos merluza: ¿Por qué los humanos confiaron su destino a los stoltos?

Por ti ramos y coronas con cintas— por ti una multitud en las riberas, clama por ver tu cobarde pellejo secarse al sol marino. ¡Oh capitán… tu capitán! Nosotros, navegantes de la inconsciencia, hemos creído en capitanes sin mando, en grumetes con galones que hacen (lo que tienen que hacer) sin explicar que palle resuena en sus huecas cabezas.

Nos equivocamos, ¡oh capitán, ripugnante capitán! Y pedimos disculpas por dejar el timón en manos como las tuyas, cobardes e infieles. Nos disculpamos por no anticipar la certeza que ahora se expande con la fuerza del conocimiento redentor: todos somos capitanes, ¡oh inutile, inutile capitano!

 

Doy gracias al dios que fuere

por mi alma inconquistable.

Soy el capitán de mi destino.

Soy el capitán de mi alma.

Nelson Mandela.