Armstrong y el bífidus espacial

26 de septiembre de 2011

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o-toma-bífidus.jpg” alt=”” width=”390″ height=”326″ />Armstrong, Aldrin y Collins, el trio más famoso sin contar a Chico, Harpo y Groucho (los tres mosqueteros no valen: eran cuatro) fueron los primeros en llegar a la luna. Y la dejaron, que dirían mis tías, empantaná: que si un trozo de módulo espacial por aquí, una bandera por allá, unos saquitos con desechos del WC… a lo tonto y sumando, un total de 5000 kgs. ¿Pero los astronautas no se alimentaban de pildoritas? ¿Ya existían los micro-enemas por entonces? ¿A qué huelen las cosicas cuando no hay atmósfera? (Que alguien llame a Coixet).

A Collins le perdonamos un poco. Tuvo que orbitar, por hacer algo, mientras sus colegas se paseaban por la luna. Recorrer cientos de miles de kilómetros para ser el primer sujetavelas espacial de la historia (volvemos en un pliqui) lo exime. Bastante tiene con lo suyo. ¿Conducía porque no bebía? ¿Mantenía el motor en marcha mientras el dúo pillaba polvo lunar? Si hubiera sido ibérico seguro que habría dicho “¡eh!.. no bajé porque no quise”.

La basura espacial en la luna, aunque es desagradable (ojos que no ven) es lo de menos porque no se estampa en la cabeza. Esta semana andábamos con la mosca detrás de la oreja porque un satélite de la NASA caía perdido “en algún lugar ehhh… del mundo”. De entrada, ¿Cómo demonios se cae un satélite? ¿Están sujetos con cinta americana a la exosfera? Lo divertido es que el cambio climático logra precisamente que los objetos que circundan la Tierra no caigan. El número de la basura en orbita crece por el efecto invernadero. No sabemos si alegrarnos porque millones de piezas (miles de ellas muy tóxicas) sobrevuelan nuestros cuerpos, pero muy de lejos. Para evitar que cunda la alarma, os diremos que sólo hay un caso de una persona alcanzada por desechos espaciales: una mujer conocida como Lottie, de Oklahoma, y lo máximo que se llevó fue un susto. El disgusto de llamarse Lottie (Carlotita) no se lo quitó nadie.

Como nota final: la basura a veces no es lo que parece. Un envoltorio de plástico en la calle es una porquería, en la luna, en cambio, es un recuerdo histórico. En ARCO (si está firmado) hasta parece arte. El estado de California, según Discover Magazine, ha registrado 106 de los objetos “olvidados” a distancia, incluidas las bolsitas perfumadas, para evitar que a alguien se le ocurra, en una noche de subidón, agenciarse “joyas” lunares.

Llamadme Ismael, digo raro, pero cuando la basura vale millones y los millones valen basura, Houston, tenemos un ético problema.