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Archivos Mensuales: septiembre 2011

Armstrong y el bífidus espacial

26 de septiembre de 2011

viagra priceo-toma-bífidus.jpg” alt=”” width=”390″ height=”326″ />Armstrong, Aldrin y Collins, el trio más famoso sin contar a Chico, Harpo y Groucho (los tres mosqueteros no valen: eran cuatro) fueron los primeros en llegar a la luna. Y la dejaron, que dirían mis tías, empantaná: que si un trozo de módulo espacial por aquí, una bandera por allá, unos saquitos con desechos del WC… a lo tonto y sumando, un total de 5000 kgs. ¿Pero los astronautas no se alimentaban de pildoritas? ¿Ya existían los micro-enemas por entonces? ¿A qué huelen las cosicas cuando no hay atmósfera? (Que alguien llame a Coixet).

A Collins le perdonamos un poco. Tuvo que orbitar, por hacer algo, mientras sus colegas se paseaban por la luna. Recorrer cientos de miles de kilómetros para ser el primer sujetavelas espacial de la historia (volvemos en un pliqui) lo exime. Bastante tiene con lo suyo. ¿Conducía porque no bebía? ¿Mantenía el motor en marcha mientras el dúo pillaba polvo lunar? Si hubiera sido ibérico seguro que habría dicho “¡eh!.. no bajé porque no quise”.

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Alzheimer, úlceras y tontos ilustrados

20 de septiembre de 2011

 

Para luchar contra el alzheimer suprime la casualidad e investiga la causalidad. Recuerda a los que olvidan sin escoger y olvida a los que escogen no recordar.

Allí estaba, evidente. Alargada y con forma de extraterrestr

e pocoyizado. Los médicos habían observado a la helicobacter pylori haciendo botellón microscópico, pero su relación con gastritis y úlceras se negaba. ¡Quía: los culpables eran comidas picantes, mala vida y disgustos!

Andy Warren y su colega Barry Marshall creían que aquellas sosas bacterias eran el foco de problemas estomacales. Era tan sencillo, tan sumamente comprobable, que la comunidad científica no creyó ni palabra. ¡Toda la vida delante de un microscopio y los malos no eran jalapeños o jefes narcisistas! Barry, para demostrar la teoría, tuvo que tomar un empírico lingotazo de bacterias. Ambos, Warren y Marshall, se llevaron el premio Nobel en 2005, aunque la gastritis se la quedó Barry. La comida mejicana ganó enteros y los amantes de Tabasco y pollo korma pedimos ración doble para celebrarlo.

Y si no hubiese sido por aquella insistencia temeraria, las úlceras hubiesen seguido tratándose simplemente con antiácidos. Demasiados tontos ilustrados: incontables clérigos elucubran sobre células madre e innumerables doctos rechazan dogmas de fe. Así, el alzheimer (un proceso degenerativo del cerebro que conduce a la demencia y posteriormente, a la muerte) ha sido simplificado durante décadas como enfermedad inherente a la vejez o simple putadón hereditario, designio de Dios o malvada lotería genética. El caso es dejarnos en manos del destino (destino: excusa cobarde para vivir bajo el mínimo esfuerzo.).

(Sigue tras el salto)

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Garoña no pasaría la ITV

12 de septiembre de 2011

Hagamos uso de la memoria musical: 1966 fue el año en el que Simón y Garfunkel lanzaron “Sounds of Silence”, para delicia unplugged de catequistasnatural viagraa> y monitores de campamento (padre nuestro tú que estás…). Jim Morrison seguía vivito y peyoteando. Los Beatles ya eran los más grandes… en España no, aquí los número uno eran Los Brincos y su sorbito de champán. Ahora “champán” sería “cava” y el soniquete sin rima parecería una estribillo descacharrante de Mecano.

A ti lector más joven, esta reseña musical te sonará tan próxima como un cuarteto de cuerda en re menor. Hace mucho tiempo de esto, ¿verdad? Pues 1966 fue el año, precisamente, en el que se empezó a construir la central nuclear de Garoña y triunfaba el Seat 600. Imagínate, con tanta solera, los problemas para pasar la ITV hoy día si en vez de central nuclear “Garoña” hubiese sido un 600 de cuatro décadas.

Combustible nuclear. Visto así, hasta parece bonito

Ayer finalizaba la marcha número 32 pidiendo el cierre de la vetusta central “gemela” de la de Fukushima. Ambas reliquias comparten modelo de generador obsoleto (Mark I) conocido por su falta de seguridad; justo aquel que reventó en Japón. La protesta ha coincidido con un nuevo informe que encuentra picos de 30 grados en el agua expulsada por la central al embalse: una diferencia de más de 15 grados (el máximo permitido es 3). Los responsables de la central afirman que es “normal” mientras que ecologistas y gentes de buena fe piensan que un embalse a 30 grados en Burgos, es un jacuzzi puñetero para las especies autóctonas.

Con agua caliente o sin ella, utilizar energía nuclear y rentabilizar una central de más de 40 años en precarias condiciones, con un dilatado historial de accidentes, ya es una barbaridad. Posiblemente el incidente más grave fuese la nube radiactiva de 1975. Y decimos “posiblemente” porque el escape se ocultó durante muchos años y ahora es tremendamente difícil conseguir datos (ni una cifra fiable, damos fe).

El caso es que una central nuclear agrietada y con generador defectuoso puede funcionar y a mi me tiraron en la ITV porque no bajaba bien la ventanilla del copiloto… La vida no está hecha para gente de buena pasta, sino para gente con buena pasta.

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Así nace (y renace) Fox Fibre

5 de septiembre de 2011

Antes de que expliquemos la relación entre Cooliflower y Fox Fibre, dejad que os contemos una pequeña historia, un bonito cuento tan verdadero que no lo parece. El entramado de lo real es más complejo que los mimbres de lo ficticio.

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//www.foxfibrecolorganic.com/”>Ángel Sánchez Egea era un empresario pionero entre pioneros. En Europa los tejidos ecológicos resultaban prácticamente inviables –la industria textil suele ser muy contaminante, así es más rentable-, pero éste tenaz catalán contactó con Sally Fox -¡nada menos que Sally Fox!- para crear prendas bajo su sello. Tan bonito como irreal: no todos los días alguien decide comunicarse con una leyenda viviente.

Lo ocurrido en aquel momento es un hecho histórico: a Sally no la encontró Harry, sino Ángel (y unos cuanto años antes que Billy Crystal). Fox Fibre, la gran marca que había recuperado el algodón orgánico para el mundo nació terca, obstinada y deliciosamente anacrónica en una pequeña central al lado del mar. En Mataró se diseñaba y distribuía a toda Europa un concepto único. Lo ecológico y orgánico, entonces, era símbolo de rebeldía ética. La tendencia moderna era rendirse al poliéster y los baratos encantos del plástico.

Fox Fibre, tras dos décadas contra un mercado esclavizado por los productos químicos, vuelve a renacer cuando Ángel conoce, esta vez, a Santi Mallorquí, un joven empresario involucrado en diferentes proyectos ecológicos del que surgió Cooliflower y, por ende, este blog.

Los tejidos de Cooliflower, sobra decirlo, ya se foxfiberizaron desde el primer momento… pero no ha sido hasta ahora cuando las marcas se han asociado y crecido, diferentes, pero hermanas: Cooliflower con diseños frescos, descarados y algodón orgánico que compensa el CO2; Fox Fibre, fiel a su carácter de marca pura y genuina, sin tintes ni tratamientos, con productos de la máxima calidad certificada. Ambas marcas estarán disponibles, a partir de ahora, en la nueva tienda online de Fox Fibre.

En el blog Cooliflower seguiremos tratando la ecología a nuestro aire (un aire irónico e irreverente. No cambiaremos ni un ápice), pero no podíamos dejar de contaros que somos un poco más grandes e inmensamente más ecológicos y felices. Permitidnos celebrar unos días de orgullo foxfiberizado.

😉

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La teoría de Anaïs

1 de septiembre de 2011

Bordeando el camino de tierra se alzaba una llamarada verde de infinitos tonos. Toda clase de arbustos y hierbas se mecían plácidamente al compás de una tenue brisa. Era una agradable tarde de primavera. Caminábamos.

Anaïs observaba los cambios, imperceptibles para un eco-urbanita, que indicaban la posición de los espárragos silvestres. En pocos minutos yo, con el orgullo baldío de los ignorantes, había recogido unos cuantos ejemplares de delgados espárragos… tan esmirriados que resultaron ser hierbajos, sin valor gastronómico. Anaïs flexionaba las rodillas lentamente y miraba, volvía a mirar; bajaba y subía la cabeza como si realizase un extraño ritual de apareamiento entre aves. El sinuoso baile daba sus frutos: los espárragos silvestres aparecían allá donde mi vista se perdía en el intrincado laberinto esmeralda. Anaïs era sabia entre savia y yo, tonto entre tomateras.

-No sabes mirar -me comentaba mi paciente amiga –no puedes ver a los espárragos porque debes de ponerte a su altura, tienes que mirar “a los ojos”-. Yo escuchaba con la inocente soberbia de los listillos vocacionales. Me preguntaba cuánta hierba de aquel precioso entorno era fumable… y la cantidad que había probado Anaïs hasta dotar a un vegetal de visión propia.

Me reí y prosiguió:

-Si buscas un espárrago desde arriba, pasará desapercibido, es demasiado pequeño; su estrecho perfil se confundirá con el resto, si te agachas demasiado los tallos se harán grandes, inescrutables. Para encontrar primero necesitas ponerte a su altura.

Mientras caía la tarde, aparcaba el orgullo y recogía mis primeros manojos, pensaba en los espárragos que había perdido por falta de miras, así como en todo lo que dejaba escapar entre maleza víctima de perspectivas, humildad o soberbia.

¡Qué complicado es saber mirar a los ojos de un espárrago!

 

(Encuentra dos formas de cambiar el punto de vista aquí y aquí).

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