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Archivos Mensuales: mayo 2011

Migración: Caribúes y humanos

24 de mayo de 2011

Un estudio aparecido en ScienceDaily ha demostrado cómo “la predicción y magnitud de los cambios estacionales en un hábitat, ayuda a determinar la distancia a la que se mueven las especi

es migratorias y si los animales siempre viajan juntos al mismo lugar o de forma independiente a diferentes lugares”. ¿Suena a sánscrito pronunciado al revés? Ahora lo explicamos.

El artículo de ScienceDaily, hablando en llano castellano, expone cómo las especies se trasladan a mayor o menor distancia dependiendo de sus necesidades. Algunos animales, como los caribús, viajan grandes distancias para encontrar alimento, mientras que las gacelas de Mongolia, cuyo hábitat es menos predecible, se dispersan en diferentes direcciones. Básicamente, los investigadores confirman que los animales cambian de ruta no porque les apetezca hacer un tour por los fiordos noruegos, sino por supervivencia. El caribú (un tipo de reno), que empieza a ver su perilla en Wikipedia junto a la palabra “extinto” (su población desciende drásticamente por las primaveras tempranas en el Ártico), debe de migrar para ganarse el pan (sustituya pan por líquen).

Y mire usted por donde, el titular ha coincidido con el de otra migración: se ha establecido un nuevo record de inmigrantes irregulares vía marítima. El ya tradicional “deporte de riesgo” del cayuco ha crecido: las excitantes revueltas africanas (siempre que los exiliados no vengan a mi país) aumentan los desembarcos. La migración predecible es impredecible si eres una gacela de Mongolia o te encañonan contra la pared. Y aunque en el mundo animal no exista la migración por diferencias políticas, caminamos de la mano en traslados forzados por el cambio climático. Para el año 2050, si nada cambia, habrá 200 millones de humanos desplazados. En esa fecha, seguramente, ya no queden caribúes.

Lo que nos diferencia como animales es que nosotros sabemos cómo actuar para evitar los desastres. En fin… Si apetece y queda un rato libre.

Una canción que no tiene nada que ver con los caribúes, salvo el estribillo y el título, tras el salto. Porque tú lo vales.
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Dignos indignados vs Dignos indignos

21 de mayo de 2011

Esta es la historia de un texto escrito desde hacía semanas que se negó a ser publicado. El título de la entrada contestataria era “El gen del borrego”, basado en el término de Marshall MacLuhan “Aldea global”. El relevante pensador predijo un pensam

iento unitario solidario y constructivo a través de la tecnología. En Coooliflower (ya sabéis cómo nos agrada dar la vuelta a las cosas) jugábamos con la idea de que las opiniones son tan contagiosas como voluble la inteligencia colectiva. Y el tiempo, sin ni siquiera haber publicado la entrada, nos ha quitado la razón.

Hay una sensación más gratificante que saberse conocedor de un verdad difícilmente cuestionable, y es la de equivocarse del todo por obra de una realidad solidaria, una realidad con el efecto de restaurar la fe. Los manifestantes indignados que campan por toda la península consensuan aquello que dirigentes (altivos, lejanos… Dignos indignos) destrozan en las antípodas de la ciudadanía. Pone la carne de gallina ver bosques humanos surgidos de un brote de clamor popular.

Cooliflower es un blog sobre ecología, no lo olvidamos, pero la ecología empieza por nosotros, simios guapos con una vida sostenible por fabricar. Para cuidar de los ecosistemas primero debemos reconstruir el ajado ecosistema humano, refundar las bases de la participación y hacer tópico un mundo utópico, en el que seamos capaces de construir sin reproches, dejando el ego aparcado en casa. Esta semana, sin descalificaciones ni muestras de bajeza, hemos escuchado más ideas productivas y coherentes que en los últimos diez años de democracia. Vista la sensata dignidad de los indignados, es normal que prohíban las manifestaciones. Con semejante ciudadanía ejemplar pronto alguien se hará esta pregunta: Políticos, dirigentes… ¿En verdad os necesitamos?

Nota: Algunos de los puntos de la reivindicación son: Reducción del gasto militar, favorecer el transporte público y alternativo al coche, restringir el acceso a los automóviles en el centro de las ciudades, crear redes de carril bici, subvencionar el abono transporte a los parados. Ecología es dignidad e inteligencia.

Alguien que sí fue educado para pensar:

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La ecolocogía de las bayas de Goji

18 de mayo de 2011

Y he aquí que llegado el quinto día mi padre fue al supermercado. Y entre alborozo y regocijo, mi creador descubrió las bayas de Goji. Y las bayas llegaron a casa para curar y sanar. Y entonces mi padre dijo “muy ricas no están… pero dicen que son buenas para todo”. Y la familia entera asintió con devoción y las apartó, para venerarlas a distancia, en el estante de “algún día las comeré, pero no será hoy” junto al sirope de sauce y las infusiones de sabores singulares. ¡Que así sea!

Las bayas de Goji lo curan todo. Así lo demuestra la longevidad de sus consumidores habituales, los habitantes del Himalaya. Bueno… las bayas ayudan y quizá el bajo nivel de estrés, las comidas ligeras, la falta de radiaciones, el nulo impacto de los químicos, la pureza del agua, la limpieza de la atmósfera y que no ven el programa Sálvame, pero como todo esto es imposible de importar, mejor pensar que las bayas nos harán indestructibles. Eso de comer pasas, que se crían aquí al lado, ya está muy “out”. Oiga, ¿Y si me harto de chuletones los efectos serán los mismos? ¿Y cuánto CO2 genera una baya que se trae desde el Tibet? ¡Pero qué clase de preguntas son esas! Hemos dicho que esto es muy sano y sanseacabó.

Y es que resulta cuando menos raro encontrar establecimientos, muy ecológicos ellos, que en vez de potenciar los alimentos de cultivo próximo y en peligro de extinción, se vuelcan en la importación de productos exóticos y cuasi-milagrosos con beneficios que olvidan el respeto a la economía local, porque sin medios para que la agricultura subsista, no hay salud que valga. La ecología empieza por comer lo más cercano y fresco, lo que menos contaminación genera y alimenta a tu vecino.

Si de verdad queremos respetar nuestro entorno y estar sanos, mejor consumir productos ecológicos cercanos y de temporada (nada de invernadero) y dejar la papaya, el mango, el maracuyá… esos productos lejanos con nombre de baile calenturiento y aprender de los tibetanos que, obsoletos ellos, comen bayas pero no preparan paellas de marisco. Lo mismo es por algo.

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Bajo el mar, bajo el mar…

15 de mayo de 2011

Conectamos con el servicio de la DGTS para saber cómo se encuentran los accesos a Barcelona: “Buenas tardes. Tarde tranquila en Barcelona. Los accesos al islote de Montjuic se encuentran despejados. La antigua ronda Litoral presenta ligeras retencion

es de medusas por una manifestación de percebes. El mar de L’Hospitalet está en calma; las corrientes submarinas que llegan a la playa de Gràcia no sufrirán variaciones. No olviden llevar el bañador si tienen que ir a la oficina. Esto es todo desde la Dirección General de Tráfico Submarino, les informa Silvia Calamar”.

Barcelona inundada forma parte de un futuro probable que –esperamos– no llegue a ser real. Los efectos del calentamiento global subirán el nivel del mar, dependiendo del optimismo del estudio, entre dos y sesenta metros en sólo cien años. Poniéndonos negativos y con cuarenta metros de elevación, la previsión de la DGTS en Barcelona sería la misma con la que empezábamos este artículo: los habitantes de San Andreu de la barca, una población de interior a 25 kilómetros de Barcelona, harían honor al nombre de su municipio.

En una previsión mucho menos catastrofista, con una inundación de 6 metros, Sevilla tendría su propia playa. Con sólo 2 metros de elevación el aeropuerto de Barcelona sería una marisma y el delta del Ebro desparecería por completo. Y si aquí pensamos que es un problema, los habitantes de los Países Bajos lo tienen bastante peor: un solo metro de subida (algo que no sólo es factible, sino casi inevitable) les quitaría medio país.

A nivel global, os ofrecemos un dato para pensar: la mitad de la población mundial vive a menos de 25 kilómetros de la costa y necesitará un nuevo lugar en el que vivir. Si piensas que la inmigración es un problema, ve cambiando de planeta… El consejo Cooliflower es simple: ahora que se acercan las elecciones, escoge con cuidado tu voto y presiona a la administración para frenar el cambio climático desde ya, antes de que no haya vuelta atrás. Eso, o si vives cerca de la costa, compra un buen bañador. Si te gusta el mar lo vas a pasar pirata.

Curiosidad malsana: comprueba aquí si seguirás teniendo casa.

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Nespresso, what a estupidez

4 de mayo de 2011

Se ha desatado la guerra de cápsulas de Nespresso secundada -coincidencias mercantiles-

por el empuje mediático al café. Hace un par de años este oscuro líquido de deseo provocaba acidez, subía la tensión y endurecía las arterías; ahora es antioxidante, antibacteriano, vigorizante y hasta adelgazante (¿?). Dentro de poco nos sentiremos como Woody Allen en “El Dormilón” (Sleeper), cuando descubramos que lo mejor para la salud es fumar puros. Depende de quién pague, el año que viene quizá sean trendy los dientes amarillos y el fétido aliento mañanero. Y Tele 5 será nuestra iglesia… y Amy Winehouse, nuestra profeta.

El café acostumbraba a ser un barato estimulante. Era la droga light que unía a obreros y patronos, la excusa de citas amorosas a deshora y el nexo aromático de complejas amistades. El café, libre cómo era él, fue encerrado en pequeños ataúdes de aluminio y convertido en moda absurda. Surgieron los supositorios robóticos bautizados por George Clooney, listos para ser exportados a algún planeta lejano como señal de despilfarro inútil. Obviando los mentideros güeberos, que difunden, con cierta lógica, que las dosis extras de aluminio no son recomendables para la salud, nos queda la controversia de los desechos y el CO2 generado por cada cápsula, pero sobre todo, la duda razonable sobre la inteligencia humana. Qué más da la marca que lo comercialice. Qué importa si el envase es de aluminio, plástico o plexiglás; se trata de una cuestión de eco-inteligencia. ¿Por qué pagamos treinta céntimos por café contaminante y encorsetado cuando nos costaría diez si prescindiésemos de tanta pijofernalia? Y ahora, disculpadme, me voy a tomar un café proletario sin ropa (¡viva el café libre y desnudo!).

Por esta tontería pagamos…
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