“Un vuelo medio europeo genera 400 kgs de emisiones de efecto invernadero por cada pasajero. Ese es el peso de un oso polar”. Este es el mensaje del impresionante y duro (¡ojo!) vídeo que ha captado la atención de medio planeta y que ha provocado que más de un internauta -me incluyo- tuviera que apartar la vista. Las imágenes son claras y concisas: El excesivo número de vuelos domésticos es una de las principales causas del cambio climático.
La página web de donde proviene esta campaña es http://www.planestupid.com/ Esta asociación sin ánimo de lucro -ni oficinas, confiesan- busca ayuda a través de donativos o voluntarios que se quieran involucrar en acciones directas y no violentas. El objetivo: llamar la atención sobre el grave problema en el que se ha convertido la aviación y conseguir que miles de especies, entre ellas el oso polar y la especie humana, se beneficien con su propia supervivencia.
Con el talento de originales publicistas y la varita mágica de la navidad hemos visto al solitario oso polar haciendo castells con sus amigos, brindar con su merienda la foca y beber con pingüinos que viven a 11.000 kilómetros. Para hacerlo más popular si cabe, una compañía de seguros nos ablandó el corazón con las travesuras de cachorritos polares y la bondad de mamá osa.
Así, el fiero, individualista y sufrido oso polar mutó en peluche alegre y amante de las fiestas, las auroras boreales y la coke. Una especie de Pocholo del Polo Norte. Así nos gusta, nos conmueve un bicho de cuatro quintales interpretando el rol de hombre. Es una realidad divertida y acaramelada, de fácil digestión. Las imágenes que arrullan los dulces sueños de no-mire-usted-la-letra-pequeña y las bebidas con gas. No nos extraña que haya habido personas tan convencidas que se dejaran parte del trasero “jugando” en el zoo.
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