Recuerdo aquel verano de felicidad cantando canciones terriblemente horteras: El rumor del río, fogatas nocturnas, el primer beso y aquellos rollos de papel higiénico con un elefante rojo… ¡ouch!, sólo de pensarlo se me convulsionan las nalgas y un escalofrío me taladra el coxis. Ahora, con esto del marketing, aquellos warholianos pedazos de lija se llamarían, posiblemente, “Toallitas íntimas exfoliantes” y se venderían como rosquillas.
Los rollos del elefante representaban al verdadero Rey de la Selva, un animal de ataque feroz, directo y por la retaguardia, que convirtió a un par de generaciones en aficionados a la lectura -por aquello de retrasar el momento del hara-kiri final-. Sospechamos que El Pensador está inspirado en ese minuto de duda previo al acto de higienizarse; “Ser o no ser”, “Actuar o quedarme sentado”. No sé, pero mientras tanto me lo pienso…
Nuestro consejo Cooliflower: Piensa en el planeta y compra papel reciclado -¡pero, por favor, no recicles papel usado!- Video: El terrible Canyonero (pero menos terrible que un rollo extrasuave)
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Los tiempos han cambiado y el papel es bonito, da gusto tocarlo y huele bien, pero oculta un ominoso secreto entre sus numerosas capas -vaya, acabamos de definir a un ex-ligue-. Greenpeace denunció hace tiempo que los todo-terreno Hummer (algo así como los Canyonero de los Simpsons) eran menos dañinos que un rollo de papel extrasuave, la especie dominante en EEUU con un 98% de mercado. Es triste; para fabricarlos se utiliza madera de selvas vírgenes.


