El largo y cálido verano (bacteriano)

9 de julio de 2009

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Con 17 años, muchos cooliflowerenses estábamos preocupados por conjuntar camiseta y tejanos. El acné era nuestro mayor enemigo y -sinceramente- problemas como el calentamiento global o el agujero de la capa de ozono nos importaban bastante menos que atusarnos el flequillo o aprender a levantar una ceja para hacernos los interesantes.

Ahora que ya sabemos arquear la ceja -y que seguimos siendo tan poco interesantes como entonces, pero con un gracioso tic en el ojo- nos cuesta creer que con esa egocéntrica edad Oscar Santegoeds se aleje del espejo, el muy tunante, y tenga los redaños suficientes como para publicar un estudio llamado, ejém, tomamos aire:Estudio de la influencia de la temperatura sobre bacterias quimiotróficas de la costa del Alt Maresme.” ¡Cof!… me falta la respiración.

Resumiendo la noticia publicada en La Vanguardia, para los que somos de letras, el aumento de la temperatura en los mares multiplica el desarrollo de bacterias -digamos que el calorcito las vuelve promiscuas-, envían CO2 a la atmósfera y calientan todavía más el ambiente. ¡Bacterias descarriadas!, ¿no podrán aprender de sus solidarios primos, los yogurines bifidus?-.

Gracias a estudiosos como Oscar el futuro de la humanidad está en buenas manos, aunque el amor libre entre las bacterias nos caliente a todos globalmente -¡Ay qué pena!, pero no como quisiéramos…-.