Eterno Vicente Ferrer

8 de julio de 2009

Hace mucho tiempo leímos un breve cómic en el que un misionero llega a una tierra perdida (AVISO: lo que viene a continuación puede herir sensibilidades). El paisaje es desolador, mujeres, hombres y niños mueren de inanición por las calles polvorientas, pero el orondo misionero, sonriente, les promete ayuda. Unos días más tarde un avión sobrevuela la zona y se despliegan grandes paracaídas con pesados paquetes. La población espera con la mirada anhelante y platos vacíos en las manos. Cuando el misionero, tremendamente excitado, abre la primera caja y lo que muestra no es comida, sino un cargamento de biblias “para salvar a los descarriados”, los hambrientos pobladores de la tierra desértica deciden zamparse al rollizo hombre.

Video sobre este inmenso hombre:

La ácida moraleja decía que las necesidades del alma, si las del cuerpo no están cubiertas, importan bien poco. Vicente Ferrer lo entendía perfectamente. En 1969 fue prácticamente desterrado a la región de Anantapur por el gobierno indio por su lucha contra las desigualdades y el injusto sistema de castas. El pasado 19 de junio, este ex-jesuita falleció dejando 14 clínicas, un centro de control de natalidad, tres hospitales generales, uno para el tratamiento de VIH, 1.696 escuelas, 30.000 viviendas, 2,7 millones de árboles plantados, placas solares, sistemas de riego eficientes… El principio de una economía floreciente y productiva en la que fue región más pobre de India.

2,5 millones de vidas tocadas por la varita mágica (trabajo y tesón) de este catalán. En Cooliflower lo echaremos mucho de menos porque entendemos que un mundo mejor es posible con la ayuda de manos, corazón y cabeza, añadiendo el prefijo “meta” a “físico” sólo cuando no queda más remedio.