Quizá debí haber mirado a los ojos, pero todos tenemos debilidades y a mí me pierde la geometría. Me enamoré a primera vista de su contorno curvilíneo perfecto. Le supliqué tocarlo. La muchacha bajó la vista y se ruborizó. No tuve que decirlo dos veces. Estábamos solos y accedió a mis pretensiones. Ella, gentilmente, se giró para ofrecérmelo. La boca se me hacía agua, mientras mis manos ansiosas comprobaban que, realmente, su piel dorada era tan suave como prietas sus carnes. “No lo aguanto más”-le dije- “¿puedo..?” y ella contestó “Está bien. Pero si lo pruebas, tendrás que pagarlo…” Y así fue como, incauto de mí, la tendera de mi barrio me cobró por un melocotón que no sabía a nada.
Geometría perfecta, color inmaculado, cero sabor. ¿Qué está ocurriendo con la fruta y la verdura, con aquellos tomates orgiásticos que explosionaban en nuestro paladar?
Mucha fruta sin madurar se guarda en frigoríficos para ser presentada con todo su esplendor externo en grandes superficies. La ingeniería transgénica y los pesticidas han transformado a los vegetales en monstruos bellísimos, pavorosamente apetecibles y terriblemente decepcionantes ¿La cultura de las relaciones personales aplicada a los vegetales?
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Jeje… eres un cachondo! Me encanta que utilices este sentido del humor para recordarnos algo tan importante y ESENCIAL. Y digo recordar porqué no necesitamos un máster en Harvard ni haber estudiado en las mejores universidades callejeras para saberlo y sin embargo recordarlo nos cuesta. Precisamente ayer fuí a cenar comida marroquí con unos amigos y me acordé de las verduras africanas (pensaba que no me gustaba el pepino y en Marruecos me enseñaron que si…), impresionantes en saber y textura.
Encontré algunos ejemplos en mi vida de melocotones “pavorosamente apetecibles y terriblemente decepcionantes” ¿quién no?, imagino que se pudrieron porqué nadie los comía… me gustaría pensar que un día abrirán los ojos y se darán cuenta de que en la esencia de las personas es donde radica su importancia. Creo que aún están a tiempo “para no descubrir, en el momento de la muerte, que no habían vivido”, con permiso del epicúreo Thoreau, que tanto amamos tu, yo y algún que otro melocotón…
¡Gracias! Lo peor de todo es que, con las prisas, terminamos acostumbrándonos a perder el buen gusto. Un día cualquiera muerdes un tomate con sabor a tomate y piensas “¿Qué demonios he estado comiendo todo este tiempo?”, lo extrapolas a otros terrenos de la vida y bueno… Entre tanto artificio, no descarto encontrar algún día ese melocotón imperfecto, jugoso, refrescante (y sabio)
Que el melocotón está estupendo…pero yo buscaría alguna fruta menos estacional, algo que pueda alimentarte en invierno y en verano, ¿no?
Un beso.
Pues sí… es cierto. Es bueno tener algo menos “estacional”
Un saludo
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