Se aproxima agosto y -otra vez- no hay quien duerma. Por la ventana abierta oímos a las Jennis y Vanessas locales pidiendo un fiti al Toni de turno, que acaba de instalar un subwoofer a su carro tuneado (Tatúntantún, tatúntantún…) Nos levantamos con ojeras.En la radio hablan de incendios forestales y de hectáreas quemadas. Otra vez. Todo se repite, como el verano pasado, y el anterior… Claro; es la época de quemar montes.
Y nos quedamos tan panchos, como si formara parte del ciclo de la vida. En realidad, apenas existen incendios de gravedad por causas no humanas. Vidrios, cigarros, quema de rastrojos… y la leyenda urbana -amparada en estadísticas- que destaca cómo los mayores incendios suelen coincidir con el apogeo de los “boom” urbanísticos. Curioso y lamentable. Y lo malo no es sólo la pérdida de fauna, flora o las víctimas humanas; el fuego libera toneladas de CO2 y ese mismo dióxido de carbono no puede ser absorbido por la vegetación carbonizada. Sumemos el calentamiento global y… Sí; pinta muy mal.
Vale, ¿Y cómo actuar?: En 2007 fue absuelto un incendiario que llevaba litros de gasolina, disolventes, mecheros, cerillas, mechas, piñas secas, bengalas y mapas de las zonas a quemar, además de ser reconocido por testigos… Así que, compañeros de Cooliflower, nos toca actuar a nosotros metiendo caña a la administración, siguiendo normas básicas y compensando CO2.
¡Juntos podemos lograrlo!
Actualización: Muy triste lo ocurrido en Els Ports. Las vidas humanas valen más que todo el oro del mundo, máxime cuando se arriesgaban por los demás. Lo lamentamos profundamente.

























