El lema de hoy día es renovarse o morir. Cambiamos de ordenador y teléfono móvil con la alegría de la moda y el empuje de precios baratos. Si funciona y es bueno, perfecto, pero si es nuevo mucho mejor y, total, para que nos den dos euros por el viejo PC de sobremesa -el que sonaba como un molinillo de café con anginas- mejor lo abandonamos.
El proceso que sigue la e-waste (alta tecnología en desuso) en muchos casos es un misterio. Ni siquiera sabemos con toda seguridad si se dirige a una planta de reciclaje, y en tal caso, en qué país se encuentra dicho vertedero. Los desechos tecnológicos requieren medios apropiados para su aprovechamiento, a veces más caros que la propia basura reciclada así que lo rentable es embarcar la mercancía rumbo a algún país distante (y untable) donde los dirigentes sean tan amables de acoger nuestros exiliados regalos de reyes obsoletos. Seguro que en… ¿Cómo se llamaba el lugar? sabrán que hacer con tanto chip y tanto plástico.
Por gentilezas civilizadas, se han creado macro-basureros en distintos lugares del mundo que coinciden en la precariedad del reciclaje y las pésimas condiciones de salubridad de los trabajadores. Los “recicladores” pertenecen a las clases más bajas de la sociedad que, como la necesidad apremia, acortan su vida por un quíteme allá ese cable. En este vídeo explican cómo cada sustancia afecta al cuerpo humano: El mercurio provoca daños cerebrales; el berilio, cáncer de pulmón; el cromo daña el ADN; el plomo destruye el sistema nervioso, reproductor, sanguíneo y los riñones; el bario es tóxico; el cobalto, radioactivo; el arsénico un poderoso veneno… sin contar con los cables fabricados con retardantes de llama químicos, que emiten gases tóxicos cuando son prendidos fuego.
Si queremos acabar con estos campos de concentración de silicio y berilio, lo mejor es fomentar leyes para que los productos especifiquen claramente su ausencia de toxinas, así como asegurarnos de su futuro rumbo antes de abandonar tecnología a la deriva. Tampoco es malo colaborar con ONG’s vinculadas al proceso de reciclaje del e-waste. Un ejemplo es el enlace que incluimos en la foto, donde es posible hacer presión sobre los fabricantes (que ya dio sus frutos en el caso del fabricante Philips). El linkconduce a un apartado de Greenpeace con las fotos y la escalofriante narración de Robert Knoth, un periodista holandés que explica con detalle el funcionamiento de una de estas “plantas” en Paquistán. Os lo aseguramos, si lo visitáis, miraréis a la tecnología con otros ojos, unos ojos mucho más críticos.
El fin del mundo está cerca. O el mileniarismo, o ambos. Y no queremos morir sin que Alicia Keys nos de un concierto, aunque sea sin piano, aunque no cante. Aunque no sea Alicia pero por detrás se le parezca mucho.
El mundo se ha desplazado 8 grados y nosotros con estos pelos. Ya lo decían los Mayas, los Aztecas, Obélix y aquel señor que vendía seguros. Todos los indicios apuntan a un cambio inminente: los polos se invertirán, lo que estaba arriba estará abajo, lo que estaba abajo estará arriba. Nos tropezaremos con las lámparas. Las gacelas yacerán con los ornitorrincos y no sabrán qué contarse. Telecinco emitirá documentales y Eduardo Punset hablará con acento gaditano. El mundo conocido se acaba y aquí estamos, solteros y con medio bonotrén.
El mundo cambia… Y quizá en Cooliflower deberíamos tratar el tema con suma seriedad, pero no, no creemos que sea lo propio; bastantes problemas se acumulan en Haití, en Chile, en las zonas que padecen las secuelas de inundaciones, ciclones, tsunamis y terremotos. Y ya no quedan ganas de lamentarse, sólo de ponerse manos a la obra. Sí, por supuesto que creemos que la Tierra avisa, que se rebela, que empieza con ligeras murmuraciones de reprobación y termina lanzando collejas planetarias. Si te despreciaran, menoscabaran, perforaran… Si te cambiaran las manos por los pies, vistieran de tirolés, enfermaran, agrediesen y luego dijeran “disculpe usted”, ¿cómo te lo tomarías? Gaia está hasta las cordilleras de tanta agresión, pero el fin del mundo sólo llegará si nosotros lo decidimos; ya lo apuntábamos hace tiempo: somos los jardineros de este magnífico e inmenso jardín llamado tierra, así que dejemos de quejarnos por la mala suerte y cultivemos las cuatro letras de “Roma”, que tan ñoñas suenan cuando se pronuncian al revés. Trabajemos juntos, por nuestro bien.
Desde Cooliflower queremos recuperar el optimismo, las ganas de vivir, todo aquello por lo que estamos aquí. Son semanas complicadas, pero también días que pueden marcar una vida; puntos de inflexión. Así que… colaboremos, formemos parte activa de la sociedad, luchemos por aquello que consideramos justo, pero sin perder el optimismo, porque vivimos para vivir.
Cooliflowerense, desconecta la televisión, sonríe y arregla un poco el mundo, tú que puedes.
La moda de “lo ecológico” no es sólo una costumbre pasajera. Cierto es que las grandes corporaciones se apuntan a “lo verde”, pero no está en nosotros criticar si sus motivos son altruistas o puramente económicos. Como pequeños maquiavelos positivos, creemos que, siempre que el fin y los medios son éticos, y por descontado, los grandes beneficiados son los consumidores y la madre tierra, deberíamos celebrar las iniciativas populares… e incluso populistas.
Lo que ya gusta menos es la falta de transparencia de ciertos productos y la alegría en regalar la vista: “Beneficioso para…”, “Respetuoso con el medio ambiente”, “Algodón orgánico…”. No es verde todo lo que reluce; a nuestro juicio, se está infringiendo la norma de la transparencia radical que tanto nos gustaría aplicar.
El laboratorio lmpetus destapó el escándalo de H&M, demostrando que el 30% de las muestras de algodón orgánico contenía algodón modificado genéticamente. Esta investigación puso de manifiesto la falta de rigor en algunos productos baratos que se venden bajo supuesta etiqueta ecológica. En el momento en el que se permite la entrada de semillas modificadas genéticamente y no se establecen los controles adecuados, la contaminación de los cultivos tiende a ser un hecho. Y en Cooliflower nos duele. Nos duele porque el esfuerzo realizado por una compañía joven es mayúsculo, aplicando toda la ética y los estándares reales para lograr productos sostenibles y respetuosos con el medio ambiente. Finalmente, a pesar de los esfuerzos, la opinión general termina incluyendo a todas las compañías en el mismo saco, para bien y para mal. Competir con multinacionales internacionales ya es suficientemente duro como para luchar contra semi-verdades: O es algodón orgánico o no lo es. O se compensa CO2 o se genera.
Muchas empresas “verdes” consiguen precios muy ajustados, el “cómo” es el misterio. La diseñadora de la marca de tendencia ecológica Bodkin explica sensatamente por qué los precios se incrementan en relación directa con la calidad (VER AQUÍ): “Por la misma razón que un tomate heirloom cuesta mucho más que una caja de McNuggets”.
Si se compra papel reciclado, se contribuye a un mundo mejor, pero quizá con un efecto diferente al que cabría pensar; porque no sólo se trata de la tala de árboles, sino de cómo se fabrica el producto que llega a nuestras manos. Habría que cuestionarse cuanto dióxido de carbono es emitido a la atmósfera en la fabricación y posterior distribución. ¿La empresa que suministra papel es sostenible? ¿Cuantos gases de efecto invernadero contaminan la atmósfera, aunque se trata de papel reciclado?
El periodico The Guardian se hizo esa misma pregunta. La sorpresa fue mayúscula (VER NOTICIA)
Hace un mes cambiaron su proveedor de papel con el objetivo en mente de conseguir el efecto 10:10. Según el propio periódico la nueva empresa emitía solamente 9,45 kilogramos de CO2 por tonelada de papel. Por contra, el antiguo proveedor -y aunque parezca difícil de creer- generaba 976 kilogramos por tonelada. La diferencia radica en que mientras la electricidad del fabricante noruego se consigue a través de hidroelectricidad, en el Reino Unido se utilizan principalmente carburantes fósiles. Estas sorpresas empresariales están a la orden del día. Sólo hay que rascar mínimamente la superficie de la realidad para darse de bruces con una dimensión alternativa y oscura.
Si como simples -y perdón por lo de “simples”- trabajadores no se tiene la potestad de cambiar de proveedor, hay otra forma de conservar bosques y preservar el medioambiente: imprimir sólo lo justo y necesario.
En Cooliflower pensamos que dejando un mensaje recordatorio en nuestros emails, se abre una vía para evitar papel y tinta inútil que termina en la basura. Por ello hemos creado dos formatos de recordatorio para al pie de vuestro correo electrónico que podéisDESCARGAR GRATUITAMENTE AQUI. Así, una vez instalado, enseñamos al mundo que “Una tonelada de papel implica la tala de 15 árboles y el consumo de 250.000 litros de agua”.
¿Cambiamos hábitos con esta medida tan sencilla? Creemos que sí. Muchos seguidores de Cooliflower ya lo están haciendo… quizá hasta Yoko Ono (@Yokoono), que se declaró el otro día seguidora de nuestro blog via Twitter… Es lo que tiene esto de la extensa difusión de las redes sociales.
Un saludo muy verde y que tengáis una semana tan grata como provechosa.
El agua, germen de vida, nos rodea: su buena utilización impulsa las civilizaciones y la subestimación de este recurso vital imposibilita el desarrollo. Aún quedan muchos nuevos usos por explorar para que el mundo evolucione… Os presentamos dos de ellos.
Aún en pleno proceso de desarrollo, el invento, que en principio podría parecer sólo algo “guay” con lo que entretener a los sobrinos, es una gran avance por muchos motivos. En la Universidad de Tokio quieren que sea un material para unir tejidos en operaciones quirúrgicas… pero las posibilidades pueden ir mucho más allá. Activando el modo Ciencia-Ficción, creemos que facilitaría el transporte y administración de agua potable y, lo más extraordinario, quizá podría ser una alternativa real al petroleo para la fabricación de plásticos ecológicos. Con este invento, se cumplirían dos sueños Cooliflower:Fuera miles de toneladas de CO2… y adiós a los pozos petrolíferos.
Michael W. Pritchard desarrolló el sistema Lifesaver inspirado en dos grandes tragedias: El Tsunami que asoló indonesia en el 2004 y el huracán Katrina del 2005.
Han sido necesarios muchos prototipos hasta conseguir un contenedor que surtiese agua totalmente potable con rapidez y eficacia. Lifesaver elimina el 99.999 por ciento de virus, parásitos, bacterias, hongos… Sin químicos, utiliza un avanzado filtro de 15 nanómetros. No sabemos que demonios significa, pero suena genial.
A primera vista,el precio del Lifesaver no es su punto fuerte, aunque los “pack” sean más que rentables a largo plazo y hagan honor a su nombre: Una sola garrafa, la más alta de la gama, puede potabiliza hasta 20.000 litros antes de cambiar el filtro; cinco años de agua potable para una familia de cuatro miembros.
Muchas posibilidades de configuración del producto. Extraordinariamente útil para personas que viajan en condiciones extremas e indispensable para zonas catastróficas. Se pueden hacer donaciones para la campaña The Lifesaver Clean Water Project; una gran ayuda para los difíciles tiempos que corren en Haití.
NOTA PARA EMPRESARIOS COMPROMETIDOS Y AVISPADOS: De momento sólo figuran distribuidores en Reino Unido, Australia y Estados Unidos…
El pacífico Josep Pámies, agricultor leridano, es un “peligroso anarquista” que combate a brazo partido con delicadas semillas y brotes de Stevia Rebaudiana. Be careful!: las grandes industrias ya han oído hablar de su Dulce Revolución.
La Stevia Rebaudiana es una planta poco conocida que ha inspirado el nombre de su asociación “porsu sano dulzor y por sus propiedades medicinales, ocultas por intereses económicos vergonzosos”. Es un modo de llamar la atención pública, de conseguir que todas las personas puedan disfrutar de las terapias naturales sin más intermediarios que tierra, luz y agua. En la entrevista que Josep Pámies realizó para la revista Athanor (www.Athanor.es) no tuvo reparos en admitir su abierta lucha contra la administración, representada con la stevia, “el mejor sustituto del azúcar (…) tan nocivo por la manipulación a la que somete la industria (…) Puedo dar o vender la planta con maceta, pero me prohíben vender las hojas e indicar sus propiedades en una etiqueta. Yo no les hago caso: vendo las hojas y las etiqueto.”
Miles de diabéticos ya conocen las propiedades de esta planta sin los efectos secundarios de edulcorantes químicos como el aspartame. Pero hay muchos más vegetales, miles y de contrastada eficacia, esperando su oportunidad para demostrar cómo sus componentes activos son menos peligrosos que sus equivalentes farmacéuticos. Algunos países como Alemania han ido introduciendo, poco a poco, esas terapias “alternativas”… pero el poder de la industria farmaceutica es demasiado grande. No es casualidad que Josep Pámies coincida con el ganador del premio nobel de medicina Richard J. Roberts, un valiente estadounidense que no se muerde la lengua: “Se han dejado de investigar antibióticos porque son demasiado efectivos y curaban del todo“. “En nuestro sistema, los políticos son meros empleados de los grandes capitales”. “(…) las farmacéuticas a menudo no están tan interesadas en curarle a usted como en sacarle dinero, así que esa investigación (…) es desviada hacia el descubrimiento de medicinas que no curan del todo, sino que cronifican la enfermedad y le hacen experimentar una mejoría que desaparece cuando deja de tomar el medicamento”, Todas estas perlas y muchas más están disponibles AQUÍ.
El peligroso Josep Pámies, de momento, ya ha conseguido llevar al parlamento lapropuesta para que Cataluña sea un territorio libre de transgénicos pero sigue dando pacífica guerra. Un mundo mejor espera a la vuelta de la esquina, labrado a simples golpes de azadón.
En ciertos momentos, los contenidos de un blog quieren actualizarse solos. No hay autor que valga. Al explorar, al indagar, los argumentos desenterrados crecen y se reordenan. Buscan un sentido propio, quieren romper el silencio.
Hacia tiempo que habíamos decidido hablar sobre permacultura, una forma muy diferente de entender la agricultura que cuadra con nuestra filosofía. En Cooliflower defendemos el uso del algodón orgánico(ver vídeo) y los medios no contaminantes, por ello nos entusiasmó el artículo firmado por la bióloga Zoe Costa del Forcallo. Los principos de la permacultura son: “Trabajar con la naturaleza, no en contra; el problema es la solución; mínimo cambio para el máximo efecto, todo afecta a todo y el rendimiento de un sistema es teóricamente ilimitado”. Permacultura es, curiosamente, un retroceso para la industrialización. Se aproxima más a la prehistoria que la era contemporánea. Dicho de otra forma: uno de los principios de la publicidad es incluir la palabra “¡NUEVO!” para vender un producto; cualquier referencia al pasado suena contraproducente… aunque esto sea falso. En ocasiones, algunas costumbres se degradan con el tiempo.
Toda la entrada debía versar, pues, sobre permacultura, pero llegado el momento de publicar, apareció esta entrada publicada en Paperblogsobre la película “Nuestros hijos nos acusarán”. Pensamos en reunir la cultura de los cultivos orgánicos y el film que hablaba sobre los perjuicios de la contaminación agrícola. Eran dos temas complementarios, dos argumentos, que, yuxtapuestos, parecían encajar. Sólo faltaba encontrar el nexo, esa parte irrefutable que aportase luz y fuera útil: Había que conseguir datos que ratificasen, en caso de ser ciertos, cómo el “progreso”, el alejamiento de los cultivos tradicionales y el abuso de la química afectaban negativamente a la salud.
Y llegaron las cifras, tan numerosas que, simplemente, no cabían. Cientos, miles, en todos los idiomas, en todos los países… Casos de cáncer que se multiplican por tres, por cuatro… Alergias que se duplican, afecciones respiratorias… Los datos son tan excesivos, abrumadores y alarmantes, tan fáciles de encontrar y contrastar, que nos preguntamos por qué nadie los sacaba a la luz; porque nadie gritaba y se ofendía ante las enfermedades silenciosas.
Y las estadísticas, a las que cualquiera con un poco de tiempo puede acceder, nos dijeron que permacultura es una palabra con futuro y que el documental debe ser difundido. Las estadísticas insinuaron que hay que regresar a otro tipo de cultivos y economías sostenibles.
Es fácil sucumbir a IKEA. En un ambiente pulcro y ordenado, conviven miles de muebles sencillos y bonitos de nombres impronunciables, un restaurante con albóndigas suecas y lo más importante: adictivos lapiceritos gratis.
La multinacional sueca encandila a los clientes con diseño, bajos precios y filosofía de marca buenrollista. Lejano parece el tiempo en el que fue acusada de explotación tercermundista por la televisión sueca. Según El libro negro de las marcas, el 90% de la producción de IKEA está distribuida entre 2000 proveedores en países como Vietnam, India o Tailandia. La descentralización abarata costes pero impide tener el control absoluto sobre las condiciones laborales. Otro problema añadido es que complica asegurar una producción ecológica estable.
Precisamente sobre lo ecológico de sus productos, ha surgido un movimiento (RELLENAR SOLICITUD AQUÍ) que solicita la retirada del aceite de palma utilizado, entre otras cosas, para fabricar velas. El uso de este tipo de aceite, el más consumido del mundo, está muy extendido en la industria química. La palma es un producto barato que destruye bosques y comunidades. Si la deforestación es la segunda causa del aumento de CO2 en la atmósfera, el cultivo de palma se lleva la ídem en destrucción forestal. Su forma de monocultivo destruye ecosistemas completos.
Con la suma de todos sus productos, IKEA consume 40.000 toneladas de aceite de palma. En la multinacional sueca se defienden con su pertenencia a Roundtable on Sustainable Palm Oil. Lo que no aclaran es que esta organización está creada por los mismos interesados en promover el monocultivo de palma aceitera. El ascenso de su cultivo da miedo. Según el diario The Independent, su presencia en el mercado británico ha pasado de meramente testimonial, a estar presente en el 43% de las marcas más conocidas.
Sólo nos queda añadir dos comentarios: Desde Cooliflower recomendamos, siempre que las circunstancias lo permitan, ejercer nuestro derecho de consumidor y no comprar productos que utilicen este aceite… Y en segundo lugar, queremos felicitarnos a nosotros mismos. Con esta entrada, alcanzamos la cifra mágica de los 100 post.
En tres días llegará San Valentín, un santo con pose y actitud de portero de discoteca; la jornada más excluyente y comercial (y una de las menos ecológicas) de todo el santoral.
San Valentín es excluyente porque el amor de pareja no es amor universal… Y porque el mundo está lleno de corazones rotos y canciones de desamor. No incluye esta fecha el amor por la naturaleza, los animales o el resto de la raza humana. La capacidad de amar es mucho más generosa, ilimitada. Los sentimientos no se reducen, acotan y circunscriben al número dos. San Valentín es una fiesta privada donde no están permitidos los calcetines blancos de la individualidad.
El 14 de febrero es comercial porque así se está estableciendo. El amor, tal y como lo explican los medios de comunicación, debe tener una sólida base económica. “Enseña a tu pareja cuanto la quieres”, “demuéstraselo”, “díselo con…”. Pendientes, viajes, colonia, flores… Bonitos presentes que no siempre respetan el medio ambiente y que pueden servir para subrayar la mutua admiración o para avivar llamas casi extinguidas los 364 días restantes. Amar se demuestra cada día, cada hora y bajo cualquier circunstancia.
Este año el amor de San Valentín anda de capa caída. La crisis (bendeciremos el día que alguien no nombre la palabra maldita) reducirá el consumismo: Cuatro de cada diez españoles no podrán permitirse el lujo de regalar nada (NOTICIA AQUÍ) En Cooliflower hemos pensado que San Valentín puede ser una fecha muy especial si extendemos el amor a todos nuestro actos. He aquí nuestras cinco propuestas para un San Valentín ecológico y alternativo:
Haz algo especial todo el año y reserva San Valentín para descansar. No cuesta nada decir “te quiero”, ser amable y comprensivo/a. Nadie debería dictar una fecha para reservar emociones.
Sé creativo/a. Recicla regalos, créalos con tus propias manos. Un regalo personalizado demuestra que una persona te importa de verdad.
Leímos en Ecoticias la nueva opción de que permitía donar parte del valor de un producto aGreenpeace. ¿Es esta una forma de sostenibilidad?
EnZankyou, “El Facebook de las bodas” según Ecoticias, según ellos mismos… según nosotros una página -muy buena- con listas de boda personalizadas, amplían su catálogo de regalos, se vuelven más sostenibles. No es la primera iniciativa de este tipo que llevan a cabo, y con toda seguridad, no será la última. Es otro signo de que el mercado se mueve en dos direcciones opuestas, antagónicas. Ya no se trata tanto de “donar” como de vivir conforme a una nueva ética que abarca todo lo relacionado con un producto. Algunas asociaciones solidarias tipoREAS, que engloban organizaciones “sin ánimo de lucro, no sin beneficios”, parten de una nueva generación de empresarios a los que se les puede eliminar la coletilla peyorativa “sin escrúpulos”. En REAS apuntan: “Nuestro reto es crear unas estructuras económicas solidarias no excluyentes, no especulativas, donde la persona y el entorno sean el eje, el fin y no el medio para conseguir una condiciones dignas para todas las personas”
REAS y la iniciativa de Zankyou; ética y bodas, son dispares pero contribuyen a la sostenibilidad del término “sostenibilidad”. Se suele ignorar que esta palabra ubicuiscente es aplicable en cualquier ámbito de la vida porque se trata de algo simple que “puede mantenerse por sí mismo”: Un banco sostenible ofrece acuerdos justos y ventajosos sin arruinar a sus clientes para evitar su propia ruina; las empresas sostenibles contratan trabajadores evitando la precariedad laboral y la esquilmación de recursos; las familias sostenibles consumen con eco-inteligencia y cuidan su entorno… Ser sostenible es respetar los recursos, pero también las personas, para que las nuevas generaciones continúen disfrutando de una vida plena.